Francia y la Argentina

Carlos Enrique Pellegrini, Vista de Buenos Aires. Acuarela sobre papel. 19 x 29 cm. Fotografía: Gentileza Museo Nacional de Bellas Artes.



Carlos María de Alvear en la escultura ecuestre de Antoine Bourdelle, el mayor discípulo de Rodin, ubicada en la plazoleta Julio de Caro, próxima al Palais de Glace, en la ciudad de Buenos Aires. Fotografía Hilario.



René François Auguste Rodin, El beso. Estudio, terracota y yeso. 76 x 44 x 54 cm. Fotografía: Gentileza Museo Nacional de Bellas Artes.



Tigre Hotel. Circa 1890. Gelatina de plata, 15,9 x 21,8 cm. Inaugurado en 1890, en 1939 cerró sus puertas y al otro año, un misterioso incendio lo devoró y finalmente fue demolido. Ver más.




Palacio Sans Souci, San Fernando [Argentina], cuyo diseño arquitectónico fue obra de René Sergen. Fotografía: Gentileza Wikimedia.



Por Manuel Luis Martí *

Francia ha sido desde siempre el faro que iluminó la cultura argentina. Pero su influencia no ha sido sólo cultural, muchas personalidades de origen francés tuvieron destacada actuación en la vida de nuestro país. 


La Reconquista de Buenos Aires frente a la invasión inglesa estuvo liderada por dos personas íntimamente ligadas a Francia: Santiago de Liniers y Juan Martín de Pueyrredón. 


Jacques Antoine Marie de Liniers et Bremond perteneció a uno de los linajes más antiguos de Francia. Su nobleza se remonta al siglo XI; un antecesor suyo, Guillaume de Liniers, murió en la batalla de Poitiers, en 1356. El padre de quien fuera nuestro virrey era Jacques Joseph Louis, Comte de Liniers. 


El nombre del padre de Pueyrredón era: Juan Martín de Pueyrredón et Labroucherie, de prosapia francesa. El apellido Pueyrredón es occitano y significa «monte redondo», aunque se lo adscribe por error al país vasco. 


Juan Martín estudió en París: Historia, Filosofía, Latín, Literatura y Comercio y su cultura era eminentemente francesa. 


Manuel Belgrano estaba en España cuando estalló la Revolución Francesa y en su autobiografía señala la influencia que tuvo en su vida y en su futuro ese acontecimiento. 


Charles de Montesquieu fue, además, el numen de la gran mayoría de los revolucionarios de Mayo y «El Espíritu de las leyes» una obra de lectura constante. 


El marino Hipólito Bouchard trabajó incansablemente por la independencia argentina como corsario en un viaje de circunvalación al mundo con la fragata «La Argentina». 


En el primer siglo de la república


La inmigración francesa siempre tuvo importancia y los ciudadanos franceses, ya en los comienzos de nuestra nacionalidad, fueron tratados como pertenecientes a un país privilegiado.


Luego de la revolución de 1848, hubo una gran oleada inmigratoria y, a partir de 1857 se sabe que ingresaron 260.000 ciudadanos franceses. En el censo realizado en 1869 en la ciudad de Buenos Aires la población ascendía a 177.787 habitantes, de los cuales poco más de la mitad, tan solo el 50,6 por ciento eran argentinos: 89.661. Y entre los extranjeros -en su mayoría tenían entre 21 y 40 años-, si dividimos a los inmigrantes por nacionalidad, se contaban 41.957 italianos, 13.998 españoles y 13.402 franceses -8.625 hombres y 4.777 mujeres-, cerca del 20 por ciento de los extranjeros y del 10 por ciento de la población total. En 1890 había 90.000 franceses afincados en nuestro país, en especial en el Chaco, Misiones y Santa Fé, también en la ciudad de Buenos Aires y en la provincia homónima, donde cuarenta familias de origen occitano fundaron Pigüé en 1884. 


En la actualidad se estima que circula sangre francesa en unos 6 millones de argentinos. 


Charles Henri Pellegrini, ingeniero francés de renombre, llegó a nuestro país convocado por Rivadavia en 1828; pero alejado éste del gobierno tuvo que dedicarse a la pintura y fue uno de los retratistas más demandado de su época, a la par que documentaba el paisaje de la ciudad de Buenos Aires; su hijo, primera generación de argentinos, fue Presidente de la República, en momentos críticos posteriores a la revolución de 1890. Fundó el Jockey Club y el Banco de la Nación, cuyo edificio ocupa el lugar del viejo teatro Colón, construido por su padre. 


Para la misma época en que Charles Henri Pellegrini iniciaba su vida porteña, llegaron otros dos notables artistas plásticos franceses: Félix Revol Perier y Raimond Monovoisin. Prilidiano Pueyrredón a su vez, hijo de Juan Martín se formó como pintor y arquitecto, egresado como ingeniero en el Institut Politechnique de París, ciudad en la que permaneció durante muchos años. Sus pinturas, de magnífica ejecución, engalanan las salas del Museo Nacional de Bellas Artes de esta ciudad, entre otras instituciones públicas y colecciones particulares. Construyó asimismo para su amigo Miguel de Azcuénaga, la casa que es la actual Quinta Presidencial en Olivos. También notable pintor, Jean-Leon Pallière, de origen brasileño, había pasado por París en su formación europea, antes de recalar en Argentina, donde desarrolló una amplia carrera, y en Francia vivió sus últimos años. 


Charles Thais, un arquitecto francés es el iniciador del paisajismo en el país y, al mismo tiempo, desarrolló la explotación de la yerba mate en la segunda mitad del siglo XIX. 


Industria 


Antonino Cambaceres, descendiente del redactor del Código de Napoleón, llegó a Buenos Aires en 1829, invitado por Juan Larrea, y desarrolló una importante industria saladeril. 


Otro francés, Sansinena, fundó una de las primeras industrias frigoríficas. 


Hacia 1875 Clodomiro Hileret, Ingeniero francés, inaugura un ingenio azucarero en Tucumán, rubro éste compartido con Juan Nougués y Carlos Rouge, ambos de origen galo. Existen también numerosas bodegas de origen francés. 


La familia francesa Rigolleau fundó la empresa más importante en la elaboración del vidrio y del cristal instalada en nuestro país. 


Educación


En lo referente a la educación, en 1858, tres sacerdotes bayoneses fundaron el Colegio San José, que se mantiene en el barrio de Balvanera, adjunto a la Iglesia. Cabe recordar que en 1964, Charles De Gaulle, de visita oficial a la Argentina, colocó la piedra fundamental del Liceo Francés Jean Mermoz, en recuerdo de quien fuera uno de los pioneros de la aviación, junto a Antoine de Saint Exupery; creadores de la Aeroposta Argentina que unía Buenos Aires con la Patagonia. 


La Alianza Francesa es una institución centenaria en nuestro país. 


Amadé Jacques, nacido en París en 1813 y llegado al país luego de la revolución del cuarenta y ocho, fue el mentor de la generación del ochenta desde su cargo de director del Colegio Nacional de Buenos Aires, creado por Mitre en 1868. 


Paul Groussac, oriundo de Toulouse, fue un brillante intelectual, escritor y crítico, que dirigió la Biblioteca Nacional. 


Al mencionar a Toulouse no podemos olvidar que Carlos Gardel, el creador del tango canción, cuyo origen aún es debatido, según documentos probatorios nació con el nombre de Charles Romuald Gardès en esa misma ciudad, en 1890, aunque también ha salido a luz otro testimonio que lo muestra nacido en la ciudad uruguaya de Tacuarembó. 


Teatro


En las actividades teatrales hubo destacados franceses, tales como Alberto Novión, famoso sainetista nacido en Bayona, y Roberto Casaux, uno de los más grandes actores de carácter que tuvo nuestro teatro. 


Otros testimonios en las artes plásticas


La pintura y la escultura francesas tuvieron un papel de trascendencia entre los coleccionistas de arte y en la orientación artística de nuestros pintores y escultores. 


Fernando Fader, el pintor de mayor renombre entre los argentinos, era nieto de Pedro Adolfo Bonneval, de Bordeaux. 


De Auguste Rodin existen el monumento a Sarmiento, en el parque de Palermo, y «El Pensador» en la Plaza de los dos Congresos, uno de los escasos ejemplares fundidos en vida del artista, a quien se lo encargó el Eduardo Schiaffino, fundador del Museo Nacional de Bellas Artes, por instrucción de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. La obra se realizó a partir del molde de la primera edición expuesta en el Museo Rodin de París, y el propio escultor la aprobó en 1907. En el Museo Nacional de Bellas Artes se exponen otras obras de su autoría, entre las que sobresalen «El Beso» y «La Eterna Primavera».


Antoine Bourdelle, el mayor discípulo de Rodin, esculpió el monumento ecuestre a Carlos María de Alvear, que corona la Avenida del Libertador al llegar a la Recoleta, en pleno corazón de la Ciudad de Buenos Aires. Según su propia opinión se trata de su obra maestra; en las adyacencias del monumento se encuentran otras obras de su autoría: «Heracles Arquero» y «El Centauro Moribundo». 


Pablo Curatella Manes, escultor argentino, y José Luis Zorilla de San Martín, uruguayo, se cuentan entre sus discípulos en el Río de la Plata. 


Es de hacer notar, asimismo, que son legión los artistas plásticos argentinos que completaron su instrucción y se perfeccionaron en los grandes talleres franceses. 


En el Museo Nacional de Bellas Artes existen también numerosas obras francesas de autores impresionistas y postimpresionistas, donación de coleccionistas argentinos. 


Uno de ellos fue Aristóbulo del Valle quien adquirió en París la famosa «Diana» del escultor Falguière, que se encontraba en el Jockey Club de la calle Florida hasta que fue destruída en 1953 por las hordas enviadas por el gobierno de turno. 


Un párrafo aparte merece el hermoso monumento de Emile Peynot que la comunidad francesa obsequió a la Argentina con motivo del centenario de 1810. De purísimo mármol blanco y base de granito, está coronado por las esculturas que representan a Francia y a la Argentina y rodeado por obras alusivas a ambos países. 


Se encuentra emplazado en la Plaza Francia de la Avenida del Libertador con una perspectiva que permite ser admirado en toda su plenitud. Vale señalar que además de la plaza consignada, existen en la ciudad Capital sesenta y tres calles con nombres franceses muchas de las cuales conmemoran a personalidades de la cultura, la política y las artes como: Victor Hugo, Jean Jaurès, Lafayette, Pasteur, Molière, Montesquieu, Perrault, Renán, Voltaire, Ampère, Berthelot, y Bonpland. 


Arquitectura


Donde hubo una marcada influencia francesa fue en la Arquitectura, en especial de la École des Beaux Arts en los estilos Neobarroco y Neoclásico. 


Existen en el país numerosas obras de gran magnitud de arquitectos franceses. 


Lucien Charles Paquin, construyó la Catedral de San Isidro y Paul Pater el Palacio Ortiz Basualdo, actual sede de la Embajada de Francia. Es notable descubrir que en el otro extremo de la plaza Carlos Pellegrini, existe un noble edificio racionalista con un premio municipal, que fue construido por el mismo Pater con la colaboración del argentino Alberto Morea. Pater también construyó el Tigre Hotel.


Gustave Du Parc, quien trabajó en colaboración con Emilio Mitre en varias obras, construyó la bóveda de la familia Ramos Mejía en el cementerio de la Recoleta. 


En la esquina de Juncal y Montevideo se puede admirar un inmueble de tres pisos con mansarda, obra de Louis Martin, autor también de numerosos proyectos arquitectónicos en la ciudad, entre ellos el Palacio Pereda -inspirado en el Museo parisino Jackemart-André-,  que a su muerte completó el belga Jules Dormal, también alumno de la École des Beaux Arts de París, a quien le debemos la casa de Gobierno de La Plata y la confitería Richmond de la calle Florida en Buenos Aires, entre otras obras.   


Otro escultor francés fue el autor del Mausoleo de San Martín, nos referimos a Albert-Ernest Carrier-Belleuse. 


El arquitecto mejor representado es René Sergent, autor del Palacio Errázuriz, actual Museo de Arte Decorativo; el Palacio Bosch, donde funciona la Embajada de los Estados Unidos, y el Palacio Sans Souci, en San Fernando. Sergent nunca vino a Buenos Aires, pero encomendó la ejecución de sus obras de neto estilo Luis XVI a los arquitectos argentinos Eduardo Lanús y Pablo Hary. Son proyectos de Sergent, además, el hogar Luis María Saavedra en el barrio homónimo y la Residencia Atucha de Cerrito y Avenida Alvear, otra joya arquitectónica ubicada en la plaza Carlos Pellegrini.


Norbert Maillart proyectó el Colegio Nacional de Buenos Aires, el Palacio de los Tribunales y el Correo Central, todos con un estilo similar. 


Del arquitecto Leon Bourge, es el Palacio Duhau, actual Hotel Park Hyatt, edificio inspirado en el chateau du Marais, situado en Le-val-Saint Germain, en las cercanías de París, en tanto Auguste Hugier, construyó el Palacio Estrugamou, uno de los palacios de Buenos Aires destinado al alquiler, junto con el argentino Eduardo Sauze, en 1929. 


El actual Palacio de la Nunciatura, en la Avenida Alvear, es obra de Edouard de Monnier, para la familia Fernández Anchorena. De este mismo arquitecto es el edificio del Yatch Club Argentino, en la Dársena Norte, de originales líneas. 


El Palacio Paz, ahora ocupado por el Círculo Militar, es el grand hotel de mayor magnitud y fue construido por Louis-Mari Henri Sortais, copiando a los grandes chateaux franceses, tales como el de Chantilly. 


De Garnier, el creador de la Ópera de París, hay dos edificios en la ciudad de Tres Arroyos, en la provincia de Buenos Aires. 


Le Corbusier, si bien nació en Suiza, pertenece a la cultura francesa; él vino a la Argentina y tuvo una gran influencia en la arquitectura local; destaca la Casa Curuchet -ubicada en la ciudad de La Plata- levantada a partir de sus planos. 


Medicina


Desde el siglo XIX hasta bien entrado el XX, la medicina francesa fue la que guió a la argentina, no sólo por los contenidos sino por la estructura de su enseñanza. 


Uno de los primeros protomédicos fue Agustín Eugenio Favre, cirujano de origen francés bisabuelo de Mariano Castex. 


Pero el médico francés que vino a nuestro país y que sobrepasó con creces su profesión fue Amado Bonpland, nacido en La Rochelle en 1773 con el nombre de Aimé Jacques Alexandre Goujau, hijo de un cirujano. 


El Bonpland que sustituyó su apellido original fue un sobrenombre conferido por su abuelo. Llegó a la Argentina en 1817 invitado por Rivadavia quien, junto a Belgrano y a Sarratea lo había conocido en Londres en 1815. Ejerció la medicina en Buenos Aires y fue nombrado catedrático de la Materia Médica en el Instituto Médico Militar, cargo que nunca ocupó. Su interés era la naturaleza; viajó hacia Corrientes donde fue apresado por el dictador paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia quien lo retuvo cautivo casi una década, tiempo que ocupó en el estudio de la flora local.  Al ser liberado se instaló en Corrientes, donde falleció a los 85 años; en 1853 había sido designado miembro de la Academia de Ciencias de París. 


Existen dos pueblos con su nombre, una calle en la ciudad de Buenos Aires y un río en la Patagonia. Su archivo se encuentra en la Facultad de Medicina de la UBA. 


Nicolás Albarellos, que fuera Presidente de la Academia Nacional de Medicina y notable músico, sobrino de Juan Martín de Pueyrredón, cursó a mediados del siglo XIX su carrera de médico en París donde además, estudió guitarra. Lo siguió más tarde Luis Güemes, nuestro clínico más renombrado, quien cursó nuevamente la carrera de medicina en Francia luego de haberse diplomado en la Argentina. 


Abel Ayerza, hijo de Toribio de Ayerza, médico llegado al país en razón de las guerras carlistas, se formó en París y fue el prototipo del profesor francés de medicina. 


La Facultad se conformó a imitación de las facultades francesas en donde el Profesor Titular era «le patron», con poderes discrecionales y autoridad excluyente. 


Uno de estos profesores fue Mariano Castex, padre de la actual Academia Nacional de Medicina, quien se formó en Europa siendo discípulo de Fernando Widal en París y manteniendo una fraterna amistad con Louis Pasteur - Vallery Radot y otros grandes profesionales franceses. Cuando regresó a la Argentina en 1914, fundó la revista médica «La Prensa Médica Argentina», inspirándose en «La Presse Médicale» de Francia. 


Los dos fisiólogos argentinos galardonados con el Premio Nobel, son de origen francés: Bernardo Houssay y Federico Leloir, este último nacido en París donde su familia había viajado por la enfermedad de su padre que murió finalmente en la Ciudad Luz. Guillermo Rawson, famoso médico y político, vivió sus últimos años en París, donde falleció a consecuencia de un cáncer de lengua. 


La relación afectiva con Francia se hizo manifiesta durante las dos guerras mundiales cuando una gran cantidad de médicos viajaron a colaborar con la asistencia médica francesa durante las contiendas. 


En la Primera Guerra, Pedro Chutro, dirigió un importante servicio de Cirugía en París, al igual que Enrique Finochietto, que dirigió el Hospital Argentino, ambos discípulos de Alejandro Posadas, pionero de la Cirugía y de la investigación médica argentinas, quien murió en París en plena juventud, afectado por una grave tuberculosis. 


Colofón


Durante todo su desarrollo como nación, la Argentina ha tenido a Francia, como paradigma de la cultura, la educación, el arte y la ciencia. 


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