Nacido el 30 de septiembre de 1925 bajo el signo de Libra, fue el único varón de 6 mujeres de una familia de origen riojano por parte paterna y, sangre asturiana y católica por el lado materno. [1]
Educado en el Colegio El Salvador, pésimo en matemáticas y ciencias duras, estudió abogacía porque no había mucha elección. Fue la historia de sus orígenes contada por su abuela la que empezó a llamar su atención. Sus primeros trabajos historiográficos refirieron a la heráldica y a la instalación y lucha de los Luna en La Rioja por unas hectáreas provistas de agua y algunos cargos públicos.
Su personalidad introvertida, lectora y poco aficionada al deporte lo volcó a los libros, escritura y la música: tocar la guitarra fue su salvoconducto. Su facilidad y oído musical hicieron el resto.
Se interesó por los avatares de los aliados en la Segunda Guerra y, apenas pudo se afilió al radicalismo. Miró absorto el 17 de octubre de 1945 y el ascenso de Perón al gobierno. Cursó Derecho en una universidad que se transformaba ligada al peronismo. Fueron tiempos de estudio y de militancia estudiantil en el Centro de Estudiantes de la facultad.
Apenas recibido en 1951, fue detenido por apoyar una huelga de los ferroviarios contra Perón. Recluido por más de 3 meses en la cárcel de Olmos junto a otros correligionarios radicales, fue torturado y picaneado por la policía.
Sus primeros trabajos historiográficos estaban teñidos por su militancia [me refiero a los libros Yrigoyen, Alvear y Ortiz] pero cada uno de ellos fue un intento de investigar sobre los líderes del partido, donde el estilo narrativo intentaba ser claro y esforzado hacia una visión historiográfica que comprendiera los respectivos contextos.
La docencia se intercalaba con sus tareas como abogado que contrarrestaban con su entusiasmo por escribir y dar conferencias por todo el país.
Después de la caída de Perón y con un partido dividido, mi padre apoyó al desarrollista Arturo Frondizi. Redactaba textos, acompañaba e hizo algunos «jingles musicales» que se pasaban por la radio para hacer conocer al joven candidato. En uno de esos encuentros conoce a un alto y sonriente maestro de piano santafecino, Ariel Ramírez. Una dupla que plasmó los ritmos locales de todo el país con una belleza instrumental y poética única. Juntos hicieron la Misa Criolla / Navidad Nuestra, Los caudillos, Cantata Sudamericana y Mujeres Argentinas. Casi toda su obra musical la realizó con Ariel Ramírez. Fueron más de 40 canciones interpretadas por voces como Mercedes Sosa, Ramón Navarro, Los Fronterizos y Jaime Torres. “Alfonsina y el mar”, “Juana Azurduy”, “Gringa Chaqueña”, “Indio Toba” [o Antiguo dueño de las flechas], y “Zamba de Usted” tuvieron cientos de versiones e interpretaciones en el mundo.
No voy a explayarme en esta faceta musical que coincidió con la década de 1960 cuando una clase media escuchaba vinilos y la radio, se editaban partituras y revistas de música, y se tocaba, escuchaba y bailaba folklore en todas las casas.
Los años 60 y 70 definieron la vocación historiográfica y decisión de dejar la abogacía y escribir para el diario Clarín y otros medios periodísticos. La necesidad de dedicarse profesionalmente a la Historia era vital para entender los complejos años que se vivían.
La Historia debía servir para entender el pasado y comprender el futuro, para construir ciudadanía y, para ser argentinos tolerantes, honrados y más comprensivos decía un reflexivo Luna. Ahí es cuando decide encarar el 17 de octubre de 1945 y a su líder. «El 45» fue una investigación compleja, donde trabajó con cientos de testimonios contemporáneos, escrita con rigor para comprender a un Perón que le resultaba fascinante, indescifrable y, en muchos momentos detestable. Fue un éxito de ventas y una sorpresa para muchos por el estilo en que estaba escrito ya que cada capítulo cerraba con el testimonio personal.
A eso siguió su trilogía de Perón y su tiempo y, varios libros más de ensayo, notas periodísticas, trabajos en radio y programas de televisión.
Una de las obras que lo enorgulleció fue la fundación en mayo de 1967 de la revista Todo es Historia – que sigue saliendo mensualmente en todos los kioscos del país– y donde se publican investigaciones sobre todo tema nacional desde esclavitud, mujeres, inmigración, personajes y hechos locales. Ilustrada desde los inicios, escrita en forma accesible contribuyó a dar cabida a más de cuatro mil colaboradores del interior argentino.
En plena democracia alfonsinista y siendo Secretario de Cultura del gobierno de la ciudad, Luna con más de 60 años y, con un gran background historiográfico, encara la figura de Julio Argentino Roca. Un severo intento por ponerse en la piel del otro y entender el conservadurismo, partido que representaba el fraude electoral, la impureza del sufragio y todos los vicios criticados por el radicalismo. Su Soy Roca tuvo un éxito arrollador. Escrito en primera persona, la narrativa y manejo de personajes de la llamada Generación del 80 hasta 1914 significó mostrar las miserias y grandezas de Roca en la construcción del país.
Se casó con Felisa de la Fuente, riojana y a quien le dedicó la «Zamba de Usted», cuando no se tuteaba y viajar de Buenos Aires a Aimogasta era una odisea. La Negra, -como le decían- era de una belleza y personalidad poco comunes. Se acompañaron hasta el final de sus días y fuimos tres las hijas que tuvieron: Florencia, doctora en Bioética; quien suscribe, historiadora, y María, licenciada en Ciencias de la Comunicación.
Varios fueron los diplomas y títulos que obtuvo, pero dos eran los que más lo enorgullecían: el de la Academia Nacional de la Historia que lo incorporó en 1993 admitiendo sus aportes por la divulgación de la Historia. Y, ser Vecino Ilustre de Capilla del Señor, provincia de Buenos Aires, donde está enterrado y donde pasaba sus fines de semana reunido con amigos y viendo pasar los ciclos de las flores y árboles.
Fue un lujo haber tenido un padre que aprovechó todas las herramientas que tuvo a su alcance para ayudar a entendernos como comunidad, sin caer en frases hechas ni demagógicas. La mesura en su lenguaje, su buena pluma y olfato periodístico estuvieron dirigidos para querer lo propio. Un criollo que amó su tierra y creía en su gente con un patriotismo sincero y profundo.
Nota:
1] Ardua tarea me solicitó el amigo Roberto Vega Andersen: escribir sobre mi padre, Félix Luna, en el centenario de su nacimiento. No lo había hecho antes, y me propuse hacer una descripción de su faceta profesional y personal.
* Especial para Hilario. Artes Letras Oficios




