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Rebozo de vicuña de tradición colonial.

Cultura Colla del Noroeste de Argentina. Principios del siglo XX.


Pieza tejida en telar de cintura a faz de urdimbre de cuatro orillos (la tela tiene cuatro bordes sin dobladillo alguno), técnica utilizada por las tejedoras de la nación Colla desde épocas precolombinas. Para su confección se utilizó la fibra de dorso (lomo) de la vicuña, hilada a mano con huso.

 

Medidas. Largo: 140 cm. Ancho: 50 cm. Rapacejo: 12 cm. Flecos: 25 cm. Peso: 560 gr.

 

Se denominaba “colla” a los habitantes del Collasuyo, la región austral de las cuatro que integraban el Tahuantinsuyo incaico conformado durante el reinado del Inca Pachacutec, antes de la llegada de los españoles al continente americano. Justamente a esa región pertenecían amplios territorios de la Argentina, desde la actual provincia de Jujuy al norte hasta la de Mendoza al sur.

 

La prohibición del uso de los atuendos tradicionales impuesta a los incas y su zona de influencia en la década de 1780, conllevó la adaptación de los nativos al uso de la indumentaria europea. Así nació la concepción del rebozo, versión americana del mantón de Manila que lucían las damas españolas y criollas. Las mantas coloniales fueron tejidas con la denominada “lana de la tierra”, como consignaba la administración virreinal a los hilados de alpaca y vicuña. Si la seda china era el hilado de los mantones, el hilado de la vicuña no le iba en zaga en cuanto a calidad y prestigio, dado que desde tres siglos atrás fue el material destinado a la vestimenta del Inca y su corte. El encerramiento (el Chaku) y la esquila de las vicuñas era exclusivamente reglado una vez al año, a fin de preservar la especie de estos animalitos no domesticables como lo eran las alpacas y las llamas. La vicuña era denominada “el oro caminante” y solamente se le esquilaba la región dorsal (la más oscura, de fibra más larga, de tono más parejo y de mayor calidad) y la de las patas, respetando los flancos y la región ventral.

 

Respecto de este rebozo del más puro estilo colonial, una vez retirado del telar, su tela fue engalanada en tres de sus lados con un excepcional rapacejo del mismo hilado de vicuña utilizado en el tejido, nacido de los hilos insertados uno por uno a lo largo de tales bordes, sometidos luego a una combinación de nudos que logran el atractivo dibujo que se aprecia a la vista, culminando en largos flecos retorcidos que acompañan con su suave balanceo el andar cadencioso de su dueña. El borde superior muestra un delicado ribete –casi imperceptible- que lo protege del roce con el cuello y los hombros de la dama.

 

La calidad artesanal de este rebozo nacido de los telares prehispánicos de las tejedoras collas, sumada a la fibra de vicuña, considerada la más valiosa del mundo junto a la de las cabras de cachemira, con el plus que le otorga su perfecto estado de conservación a través de un siglo, lo hace merecedor de una consideración muy especial a los ojos de los coleccionistas.


LOTE 86
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