La labor y la soberanía indígena vistas a través de la demarcación de límites entre España y Portugal en la segunda mitad del siglo XVIII

Figura 1. Francisco Requena, Vista Del Salto invadeable Del Rio Apaporis. Oliveira Lima Library, The Catholic University of America.



Figura 2. Francisco Requena, Vysta Del Raudal y Salto de Cupatì en el Rio Yapurà vencido por la 4.a Division de Limites. Oliveira Lima Library, The Catholic University of America.



Figura 3. Francisco Requena, Cascadas del Río Cuñaré. Oliveira Lima Library, The Catholic University of America.



Figura 4. Francisco Requena, Primer Raudal del Rio Mesay. Oliveira Lima Library, The Catholic University of America.



Jeffrey Erbig

Profesor Asociado en el Departamento de Estudios Latinos y Latinoamericanos de la Universidad de California, Santa Cruz. Trabajó anteriormente en el Departamento de Historia de la Universidad de Nuevo México, y se doctoró en Historia en la Universidad de Carolina del Norte.


Autor de Entre caciques y cartógrafos: La construcción de un límite interimperial en la Sudamérica del siglo XVIII (VER) (Prometeo Editorial, 2022; UNC Press, 2020 [edición en inglés]). Sus artículos se han publicado en Boletín Americanista, Atlantic Studies, History Compass, Ethnohistory, and the Hispanic American Historical Review.


Ha recibido becas y premios del American Council of Learned Societies, the Institute of International Education, the Newberry Library, the John Carter Brown Library, the Santa Cruz Institute for Social Transformation, entre otros institutos.


Sus publicaciones pueden consultarse AQUÍ

Por Jeffrey Erbig*

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, las monarquías de Portugal y España comisionaron expediciones geográficas para demarcar un límite entre Brasil e Hispanoamérica. Con el respaldo de tratados bilaterales – el de Madrid (1750) para la primera y el de San Ildefonso (1777) para la segunda– estas expediciones se desplegaron desde la costa caribeña hasta el Río de la Plata. En su conjunto, los tratados y las demarcaciones desarrollaron lo que a partir de ese momento sería la base legal para resolver conflictos territoriales entre los dos imperios y, posteriormente, entre varios países de Sudamérica. Las partidas demarcadoras produjeron un enorme archivo de mapas, diarios, ensayos de historia natural y correspondencia, el cual ha sido analizado desde aquel entonces en estudios sobre la formación de límites, las ciencias naturales y las relaciones interimperiales e interétnicas de las tierras bajas del continente.


Una de las fuentes de mayor relevancia surgida en la labor de las expediciones es una serie de acuarelas atribuidas a Francisco Requena, el primer comisario de las partidas españolas que trabajaron en Amazonas. Estas acuarelas ilustran la labor cotidiana de las expediciones. Por ejemplo, en Vista Del Salto invadeable Del Rio Apaporis [fig. 1], Requena demuestra cómo su partida tuvo que abrir un camino por el bosque para pasar sus botes cuando un «salto inaccesible» en el río impidió su avance. La imagen presenta un trabajo relativamente ordenado: en el medio, Requena conversando con el comisario portugués en tanto que frente a ellos, una veintena de trabajadores colabora para trasladar unos botes por el canal abierto; y a la izquierda, otros descansan o realizan distintas tareas. A pesar de la aparente tranquilidad de la escena, una de las notaciones al pie de la acuarela registra «donde se anegó la Capitana española», un acontecimiento que señala el peligro que enfrentaban. 


Si comparamos esta imagen con Historia de las demarcaciones de límites en la América, redactada en 1793 por Requena y Vicente Aguilar Jurado, veremos que las partidas demarcadoras tuvieron muchas dificultades debidas a los saltos de los ríos, y también por cuestiones de salud y desinteligencias entre las comisiones. Según Requena, hubo «notable disminución de los individuos de ambas partidas, por haber enfermado muchos […] y habiendo salvado algunos saltos, se retiraron las dos partidas sin concluir el reconocimiento, por haber enfermado los más de los que las componían». Levantaron algunos mapas, pero como los portugueses estaban en desacuerdo sobre dónde trazar el límite, no los firmaron y la ubicación de esa frontera local permaneció en disputa.


Detalle de la figura 1 con las peripecias vividas para trasladar las pequeñas embarcaciones eludiendo los saltos de agua más peligrosos.


En otra de las acuarelas de Requena, Vysta Del Raudal y Salto de Cupatì en el Rio Yapurà vencido por la 4.a Division de Limites ([fig. 2], se encuentra la partida demarcadora rescatando a los náufragos de dos embarcaciones que se hundieron. En la orilla izquierda del río, docenas de trabajadores ponen a salvo baúles, barriles y otros objetos, en tanto que algunos levantan carpas, juntan ramas o pescan. Los comisarios intercambian opiniones sobre la misma costa del río, y en el margen opuesto, un astrónomo, al parecer, mide la posición de las estrellas para demarcar la ubicación del salto. La partida que protagoniza esta escena es más numerosa e incluye a indígenas y a afrodescendientes entre los trabajadores, aunque su presencia es subrepresentada. Los manuales de gastos de las comisiones de límites registran entre dos y tres mil trabajadores por tratado, y cientos de trabajadores por subdivisión. Por ejemplo, la partida portuguesa que trabajaba con Requena contaba con casi cincuenta militares, doscientos indígenas y numerosos afrodescendientes. Además, el comisario de esa partida viajaba con un secretario, dos mayordomos, dos gentilhombres, dos coperos, dos cocineros, un pastelero, un panadero y un conjunto de esclavizados destinados a su servicio personal que incluía cuatro músicos, ocho ayudantes destinados a la cocina, cuatro para recoger agua y leña, y un lavandero. Mientras tanto, la partida de Requena tenía alrededor de 300 personas, muchas de las cuales eran indígenas de las misiones de Mainas.


Detalle de la figura 2. En las bravas aguas, los esfuerzos por rescatar a los náufragos de las dos embarcaciones perdidas.


Además de los numerosos indígenas, tropas militares y peones que formaron el pilar de las expediciones, las partidas dependían de los indígenas independientes por cuyas tierras pasaban. En algunos casos, las expediciones recibían ayuda e información de sus anfitriones. Por ejemplo, en Cascadas del Río Cuñaré [fig. 3], se observa como algunos «Indios Omaguaes» (cambembas, hoy en día) portan víveres en una canoa mientras otros le brindan información a Requena. En primer plano y aún sobre el agua, se observa el pequeño bote en que los dos comisarios fueron a reconocer estas cascadas. A lado de Requena, un intérprete afrodescendiente consulta con una mujer y otros sujetos omaguaes. Aunque no está nombrado en la acuarela, es probable que el intérprete haya sido Fernando Rojas, un ex esclavizado que se había escapado de Brasil y que era uno de los guías principales para las partidas españolas en Amazonas. El conocimiento geográfico que conservaban los omaguaes se ilustra también en una cuarta acuarela de Requena, Primer Raudal del Rio Mesay [fig. 4], donde, al parecer, un remero omagua señala al cielo mientras un participante de las expediciones toma notas y consulta su astrolabio. Según Requena, las comunidades omaguaes mantenían relaciones de intercambio con las misiones franciscanas de la región y se encontraban enemistados con los portugueses.


En un ángulo de la figura 3, Francisco Requena obtiene información de un indígena en tanto un afrodescendiente dialoga con otras pobladoras locales. Detrás, se toman mediciones astronómicas y son registradas.


La feracidad del paisaje en la acuarela sobre el río Mesay; figura 4. Observamos también las cualidades pictóricas de los artistas viajeros.


Las acuarelas de Requena se encuentran hoy en día en la Oliveira Lima Library de la Catholic University of America, en Washington D.C., EE.UU. Aunque no se sabe con certeza, es probable que hayan llegado a la biblioteca norteamericana a través de una donación hecha en 1916 por Manoel de Oliveira Lima, un autor y diplomático brasileño que vivía en aquella ciudad. Aparentemente, éste le habría comprado las acuarelas dos años antes a Martinus Nijhoff, un poeta y ensayista holandés, quien, a su vez, las habría conseguido en España. Si este relato fuera veraz, lo más probable es que Requena se las hubiera llevado cuando en 1795 regresó a España desde América, después de haber cumplido sus tareas para las expediciones demarcadoras. 


Mientras tanto, los mapas que produjeron Requena y otros miembros de las partidas demarcadoras están dispersos en bibliotecas y archivos en Europa y en América. Nos referimos por ejemplo, al Mapa geográfico de la mayor parte de la América Meridonal, hecho en 1796 que representa la línea divisoria a nivel continental y resalta las persistentes disputas entre España y Portugal después de completar la demarcación [fig. 5].


Figura 5. Francisco Requena, Mapa geográfico de la mayor parte de la América Meridional, 1796. Norman B. Leventhal Map & Education Center Collection (enlace)


Las representaciones visuales que produjo Requena arrojan luz sobre la labor de las expediciones, la composición de las partidas demarcadoras y la centralidad de los indígenas independientes en la creación de un límite interimperial. Requena encabezó una de las cinco subdivisiones españolas, y las dinámicas que ilustra en sus acuarelas son evidentes también en las otras subdivisiones. En el Río de la Plata, tal vez la zona más importante para ambos tratados de límites, las partidas españolas dependían de trabajadores de las misiones guaraníticas para transportar baúles de libros e instrumentos, construir y navegar balsas, abrir caminos por los matorrales y bosques, establecer campamentos, buscar pasturas para los cientos de cabezas de ganado que viajaba con cada partida, preparar comida y recoger especímenes de plantas y animales. En algunas ocasiones, estos trabajadores rescataron del agua a los oficiales de las expediciones y a sus mapas, y hasta prepararon un baile de máscaras en el campo. Además de su labor física, guiaban las partidas por la zona, traducían topónimos indígenas para los geógrafos y corregían errores en los mapas dibujados por las cortes reales. En una ocasión, algunos caciques mbayás usaron “ñudos y señales” para relatar historias locales y la ubicación de asentamientos portugueses.


Los indígenas independientes del Río de la Plata también tuvieron un papel significativo en la demarcación. Por ejemplo, cuando las partidas españolas y portuguesas del tratado de San Ildefonso trataron de cruzar desde la Laguna Merín, cerca de la costa atlántica, hasta las misiones guaraníticas, fueron interceptadas por tolderías de minuanos que controlaban la zona [fig. 6]. Las tolderías reclamaron la posesión de las mismas tierras reivindicadas por las comisiones y sus partidas, y declararon su derecho de “cobrar impuestos a todos los viajeros”. En general, cuando las partidas reconocían la autoridad de una toldería a través de brindar un pago, esta les permitía el paso y así sucedía con las distintas partidas cuando ingresaban en sus tierras.


En su conjunto, estos intercambios revelan la contradicción central de las expediciones de límites: ninguna de las dos coronas controlaba las zonas que reivindicaban a través de la demarcación. Por lo tanto, dependían de la labor y el conocimiento de algunos indígenas y fueron limitadas en sus tareas por la soberanía de otros pueblos indígenas. Sin embargo, uno de los objetivos implícitos de los dos tratados fue excluir a los indígenas del sistema de posesión territorial. Si bien hasta ese momento, tanto los portugueses como los españoles y los misioneros dependían de las tolderías para acceder al interior de la región, lo cierto es que la demarcación de límites representó un cambio en la política interétnica de ambas coronas. Por más que los mapas que produjeron representan esta visión –la ausencia de indígenas independientes del control colonial– los diarios de las partidas demarcadoras la contradicen.


A lo largo del límite, los indígenas mantuvieron el control sobre sus tierras y buscaron formas de incorporar a los colonos que llegaron después de estas expediciones. Aunque las demarcaciones intentaron eliminarlos cartográficamente, su persistencia y sus territorialidades saltan a la luz en los relatos de ambas comisiones.


Figura 6. Itinerarios aproximados de las comisiones de límites de San Ildefonso. 



* Especial para Hilario. Artes Letras Oficios



Bibliografía básica:

Aguilar y Jurado, Vicente, y Francisco Requena. Historia de las demarcaciones de limites en la America entre los dominios de España y Portugal (1784). Montevideo: Biblioteca del Comercio del Plata, 1846.


Costa, Maria de Fátima. “Viajes en la frontera colonial: Historias de una expedición de límites en la América Meridional (1753-1754).” Anales del Museo de América 16 (2009): 113–126.


Quijano Otero, José María. Límites de la República de los Estados-Unidos de Colombia, vol. 1. Sevilla: Francisco Alvarez y Cía, 1881.


Roller, Heather F. “River Guides, Geographical Informants, and Colonial Field Agents in the Portuguese Amazon.” Colonial Latin American Review 21, no. 1 (2012): 101–126.


Siquiera Bueno, Beatriz Piccolotto, and Iris Kantor. “A outra face das expedições científico-demarcatórias na Amazônia: o coronel Francisco Requena y Herrera e a comitiva castelhana.” In Oliveira, Francisco Roque de, ed. Cartógrafos para toda a Terra: Produção e circulação do saber cartográfico ibero-americano. Lisboa: Biblioteca Nacional de Portugal, 2015, 243–64.


Smith, Robert C. “Requena and the Japurá: Some Eighteenth Century Watercolors of the Amazon and Other Rivers.” The Americas 3, no. 1 (1946): 31–65.



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