La donación del doctor Guillermo Jaim Etcheverry

Colección de retratos de la donación del doctor Guillermo Jaim Etcheverry. Al fondo pueden distinguirse obras de Carlos Alonso, Castagnino y Spilimbergo.



Óleo de Raúl Russo (1912 - 1984) en el Museo del Tigre.



Dibujo grafito de Lino Enea Spilimbergo, donación del doctor Guillermo Jaim Etcheverry.



Sonia Decker


Directora de CONSULTART/dgb, consultora con más de treinta años de actuación en el mercado de arte local. 


Licenciada en Publicidad (USAL). 


Fue Perito judicial en Arte, y Profesora de “Mercado del Arte” en las Universidades del Salvador y del Museo Social Argentino.


Integró el grupo fundacional del Museo de Arte Tigre, teniendo a su cargo la adquisición de las obras de su colección permanente.


Artista pintora, ha realizado sus últimas muestras individuales en las galerías VYP, Arroyo y Librería Menéndez.


Por Sonia Decker *

Cae sobre las quietas aguas del Río Luján, la tibia tarde soleada de mayo. En el partido de Tigre, Provincia de Buenos Aires, sobre una de sus orillas, aparece majestuosa la fachada del Museo de Arte Tigre fundado en 2006 por el Intendente Ricardo Ubieto.

 

Un museo particular en todos los sentidos. Ediliciamente fue reconstruido durante seis largos años, con el aporte de los vecinos de la localidad y bajo la supervisión del Municipio de manera ordenada y podríamos calificar, ejemplar. El que en otros tiempos fuera el Tigre Club, solaz no solo de los tigrenses sino de muchos porteños que pretendían disfrutar de sus instalaciones los fines de semana, alberga en la actualidad más de setecientas obras de arte. La Colección permanente fue adquirida en subastas públicas durante más de dos años, y su patrimonio se vio incrementado por varias donaciones. Las más significativas por el número de piezas fueron las del Ingeniero Carlos Franck (ver) en 2021 y ahora por la del Doctor Guillermo Jaim Etcheverry. Ambas fueron cedidas en su totalidad.

 

El Doctor Jaim Etcheverry no solo es mi amigo personal desde hace muchos años. Es sobre todas las cosas un excelente médico, científico y académico nacido en nuestra ciudad, y fue rector de la Universidad de Buenos Aires entre 2002 y 2006. Dedicado de manera exclusiva a la docencia y a la neurobiología, desarrolló su carrera como investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), y fue profesor de la Facultad de Medicina de la UBA. Es miembro de número de la Academia Nacional de Educación, de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, y de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación.

 

En 1999 publicó su libro «La tragedia educativa», que recibió el premio al Mejor Libro de Educación editado en el año, un ensayo que despertó sumo interés y que aún goza de absoluta actualidad.   

 

Su donación ocupa la sala principal de la planta baja del Museo. Las obras se exhiben por temas, sobre fondos grisáceos que las enmarcan con una tonalidad especial destacando aún más su calidad.

 

Verlas allí me produjo una profunda emoción. Soy testigo fiel que todas fueron compradas con esmero. Siempre primó su buen gusto y sumado a esto, antepuso el interés genuino por tenerlas, para luego acondicionarlas, enmarcarlas y gozar de ellas a diario en las paredes de su casa particular. Nada fue adquirido al azar. Puedo aseverar que lo hizo con pasión y mesura, investigando, estudiando, pero sin pausa y a través de muchos años. En varias ocasiones, sabíamos que estábamos intentando comprar la misma pieza en una subasta, lo que concluía con una sonrisa cómplice felicitándonos mutuamente según el resultado final.

 

Cada espacio a recorrer es un goce estético. Desde los impactantes desnudos y figuras de Carlos Alonso, la fugacidad de las mujeres de Miguel Diomede, o los potentes rostros de Lino Enea Spilimbergo, donde cada línea encierra un nuevo plano volumétrico. Seguimos el recorrido llegando a la belleza de las flores de Marcos Tiglio, de Raúl Russo, de Eugenio Daneri y de tantos otros. Allí lucen frescas, fuertes, multicolores, con materias espesas o sutiles, pero dándole a la flor el protagonismo del que a veces, hoy carece.


Bodegón de Marcos Tiglio (193 - 1976) en el Museo del Tigre.


La escuela de La Boca no fue ajena a su gusto. Fortunato Lacámera nos envuelve en el Riachuelo silencioso y estático, y Benito Quinquela Martín aparece con sus esforzados trabajadores y las tradicionales barcas que emergen de las aguas turbias del puerto.

 

La escultura está presente en los bronces ascéticos de Alicia Penalba. Enio Iommi brilla con luz propia en el aluminio que se curva dócilmente bajo el mandato de quien trata a la férrea materia con absoluta ductilidad.


Escultura de aluminio y mármol de Enio Iommi.

 

La curaduría de esta muestra llevada a cabo por Graciela Arbolave, Directora del Museo, nos conduce armoniosamente hacia la pintura de los grandes maestros contemporáneos. Eduardo Faradje, dibujante preciso que maneja el óleo con audacia y desenfado en un tremendo desnudo de grandes dimensiones. Desde un bosque rosado de Josefina Robirosa podemos internarnos en una inmensa composición de Teresio Fara, ejemplo compositivo del oficio pictórico. Adolfo Nigro y dos piezas elegidas de sus admirables «Horizontes catalanes» plenos de ingenuidad y cromatismo, y Kasuya Sakai que impacta visualmente con una abstracción de potentes blancos y negros. Jorge di Ciervo nos atrapa con las delicias de sus grafitos sobre papel, pequeñas joyas de su producción artística. Roberto Aizenberg y sus formas rojas se destacan en una pintura trascendental donde la atmósfera es casi inexistente. Conversa con Eduardo Mac Entyre y con Ary Brizzi en elegante diálogo metafísico.

 

Batlle Planas nos recibe al entrar y al salir de la sala. Una familia pintada a la acuarela comparte la mesa. Las sutilezas y precisiones de cada pincelada envuelven a los personajes en un clima de absoluta sensibilidad. No se necesita nada más para crear una verdadera obra de arte.

 

Puedo resultar injusta al no mencionar a algunos de los tantos artistas que componen la donación, ya que son muchos. Por ello es preciso visitar esta exposición para completar individualmente cualquier descripción posible. Cada obra es el fruto de una elección minuciosa, que luce en un conjunto excepcional muy difícil de igualar. Su recorrido ha sido pensado con criterio y con gran acierto para lograr de este modo completar un exquisito universo pictórico deleitando al espectador.

 

El Museo de Arte Tigre fue creado con una finalidad: mostrar a quien lo visite cuáles fueron nuestros comienzos en el mundo del arte y cómo podemos ir y volver a cada instante en la historia, incorporando artistas contemporáneos que se entrelacen con los primitivos. La actual gestión más el interés del Municipio de Tigre por la conservación del edificio y el desarrollo de muestras novedosas vinculadas al patrimonio del MAT, ponen de manifiesto que el legado iniciado por Ricardo Ubieto sigue siendo respetado y además se multiplica abriendo propuestas nuevas muy diversas.

 

Los vecinos de Tigre tienen el enorme privilegio que dos coleccionistas que podrían haber dispersado sus acervos desmembrándolos, optaron por donarlas en su totalidad a este prestigioso museo. La muestra del ingeniero Franck fue expuesta durante un año, y lo mismo ocurrirá con la del doctor Jaim Etcheverry que podrá disfrutarse durante todo 2025.

 

Nada puede enorgullecer más a un coleccionista que durante años ha gozado con cada una de estas adquisiciones, que el saber que cualquier visitante, sea argentino o extranjero, podrá conocer buena parte de la historia de nuestro arte, simplemente atravesando un portal, con el Río Luján de fondo. En un edificio que nos trae recuerdos de otros tiempos, restaurado y cuidado para nosotros, podremos revalorizar lo que fuimos y así conocer y respetar nuestra historia para seguir construyendo el futuro.

 

Mayo de 2025.

 

* Especial para Hilario. Artes Letras Oficios


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