El mapa ideal y los artistas viajeros

Matilde Marín. Serie: Paisajes Indeterminados. Paisajes Indeterminados III.  2015.



Matilde Marín. Serie: Proyecto Pharus. Faro Hornby, Sidney, Australia. Documentado en 2023.



Matilde Marín. Serie: Proyecto Pharus. Faro Castle Breakwater, Isla de Guernsey, Gran Bretaña. Documentado en 2010.



Matilde Marín. Serie: Proyecto Pharus. Faro San Juan de Salvamento, Isla de los Estados, Atlántico Sur. Documentado en 2011.



Jean-Léon Gérome, Bonaparte ante la Esfinge. Óleo sobre tela, 61,6 x 101,9 cm. 1886.



Matilde Marín

 

[1948], artista visual argentina, desarrolla obra en múltiples disciplinas incluyendo grabado, fotografía y video. Es Fellow del Institut d’Etudes Avancées de Nantes, Francia [2020] y Premio Konex de Platino [1992]. Ha participado en las Bienales de Puerto Rico, La Habana, Curitiba, Cuenca, Yokohama, entre otras.

 

En 2010 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la declara Personalidad destacada de la Cultura. Presidió la Academia Nacional de Bellas Artes [período 2022-2024] y actualmente preside la Fundación Federico J. Klemm [período 2018-2026].


Por Matilde Marín *

«Cuando emprendas un viaje ruega que tu camino sea largo […]
Siempre ten a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu meta; pero no apresures el viaje.
Mejor que dure mucho, mejor anclar cuando estés viejo,
pleno, con la experiencia del viaje.»
C. P. Cavafis

 

¿Idealizamos el lugar al que deseamos llegar? ¿Cómo se llega, de qué forma? El poeta greco egipcio, Constantino Cavafis nos recuerda que lo importante no es el destino sino el trayecto, el aprendizaje que conlleva. Todo viaje —de placer, de trabajo o de vida— implica una transformación. En cada desplazamiento hay un ejercicio de conocimiento, y quien deja que la experiencia lo atraviese se descubre a sí mismo.

 

En mi infancia, las lecturas de revistas de aventuras despertaron en mí el deseo de partir. Recuerdo la historia de François Champollion, el francés que, sin llegar a Egipto, logró descifrar los jeroglíficos gracias a la piedra Rosetta. Ese hallazgo, mezcla de intuición y estudio, fue mi primer viaje imaginario. Años más tarde, ya estudiante en la Escuela Nacional de Bellas Artes, volví a toparme con Egipto en la pintura Bonaparte devant le Sphinx de Jean-Léon Gérôme: dos miradas frente a frente, la del conquistador y la del misterio milenario. Comprendí entonces que el viaje podía ser un modo de mirar, una forma de estar en el mundo.

 

Desde entonces, los escritores viajeros se volvieron mis compañeros de ruta: Rimbaud y sus Cartas de África, Bruce Chatwin con su mítica Patagonia, Ryszard Kapuscinski en Ébano, Paul Theroux en sus travesías africanas y Antonio Tabucchi en su melancólico Nocturno Hindú. Todos ellos entendieron que viajar no es solo desplazarse sino abrirse a lo desconocido, a lo inesperado y, sobre todo, a uno mismo. Cuando Rimbaud escribe «viajaremos, cazaremos en los desiertos, dormiremos sobre el empedrado de ciudades desconocidas», celebra la errancia como forma de libertad.

 

En 1975 emprendí mi propio viaje. Dejé Argentina por razones complejas, pero esa partida se transformó en una de las experiencias más fecundas de mi vida. Descubrí culturas, geografías, lenguas y modos de ver que ampliaron mi horizonte y dieron fundamento a mi obra. Comprendí que el viaje y la creación formarían, desde entonces, una misma trama. En cada lugar encontraba motivos, texturas, luces y silencios que más tarde se volverían materia visual.

 

A partir de los años noventa, el paisaje se volvió protagonista en mi trabajo. En Paisajes Horizontales, Paisajes Alterados y Paisajes Indeterminados recorrí el sur latinoamericano, registrando horizontes y atmósferas. Busqué captar lo que sucede más allá de la mirada inmediata: ese instante en que el territorio parece hablar. Estos registros fotográficos, trabajados posteriormente en el estudio, me recordaban a los impresionistas y su relación sensorial con la naturaleza.

 

En 2005, una noticia me conmovió: «Los faros del mundo se apagarán, el GPS los reemplaza». La idea de un planeta sin esas luces que guiaron destinos durante siglos me resultó inquietante. Busqué la etimología de la palabra «faro», del griego pharus, «la luz que guía el destino de los hombres». Así nació mi proyecto Pharus, un work in progress que continúa hasta hoy. Cada viaje me acerca a una de estas torres que documento y filmo, símbolos de orientación y resistencia en tiempos inciertos.

 

Otros artistas también han hecho del viaje una forma de producción. Richard Long, desde su «línea hecha para caminar», convirtió el desplazamiento en arte: caminar como registro, como pensamiento, como forma espiritual de estar. Roni Horn, en Islandia, levantó La Biblioteca del Agua, donde conservó el agua de 25 glaciares en columnas de vidrio. En ambos casos, el viaje no es solo un medio, sino un lenguaje.

 

En mi serie El viaje imaginario de Kasimir Malevich, exploré esa idea de desplazamiento como búsqueda interior. En dieciséis destinos —Frankfurt, Melbourne, Londres, Varsovia, Berlín, entre otros—, registré escenas donde las formas suprematistas emergían espontáneamente en la vida contemporánea. José Emilio Burucúa describió estas obras como «una geometría salida de la mente y del sensorium de Marín», resultado de un mirar en movimiento, en tránsito.

 

Viajar se volvió entonces una práctica de observación y de escucha: una forma de habitar el tiempo y los espacios, de crear mapas personales. El viaje es también interrogación, testimonio y revelación. Como escribió Elizabeth Bishop, «el paisaje necesita ser leído, ser atravesado por una mirada delicada que comprenda toda la vida que hay en él».

 

Hoy, mis viajes son indagaciones visuales, búsquedas inciertas pero necesarias. No sé si existe el «mapa ideal», pero sí una suma de experiencias, de señales, de intuiciones que conforman nuestros mapas interiores. El viaje, real o imaginario, siempre deja una huella.

 

Jack Kerouac decía que «la vida es un país extranjero». Tal vez por eso seguimos viajando: para comprender, aunque sea por un instante, algo de ese territorio inmenso que es la existencia.


Buenos Aires, noviembre de 2025. 

 

* Especial para Hilario. Artes Letras Oficios


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