El hombre
Octavio José Oliverio Girondo, hijo del agrimensor Juan Vicente Girondo Aramburu y de Josefa Uriburu Arenales, nació en Buenos Aires el 17 de agosto de 1890. Fue un poeta argentino, vinculado a la vanguardia porteña de la segunda década del siglo XX.
La buena posición de su familia le permitió viajar a Europa, donde vivió unos años con sus padres. Entre 1900 y 1904 estudió en el Epsom College, en Surrey, donde lució la corbata de fondo azul con rayas oblicuas blancas, distintivo de este establecimiento fundado en 1855, y en el Colegio Albert Le Grand [denominado así en honor al dominico San Alberto Magno] en Arcueil, Val-de-Marne, fundado en 1863. De regreso a Buenos Aires, en 1904-1908 cursó los estudios secundarios en el Colegio Libre de Segunda Enseñanza y en el Colegio Nacional Sud [Bernardino Rivadavia]. En 1909 ingresó a la Facultad de Derecho y acordó con sus padres continuar sus estudios en tanto le permitieran viajar a Europa en las vacaciones. En 1915 hizo una breve incursión como dramaturgo al estrenar el drama La madrastra, escrito en colaboración con René Zapata Quesada [1892-1924], y ambos fueron coautores de La comedia de todos los días, que no llegó a estrenarse. En 1916 se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires y fue aprobada su tesis doctoral sobre Warrants agrícolas. Legislación argentina a su respecto. Juicio crítico sobre los mismos, pero nunca ejerció la profesión jurídica.
Entre 1920 y 1921 recorrió España, Francia, Italia, el norte de África y Brasil, y en 1922 editó en Francia su poemario Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, con ilustraciones propias. En Buenos Aires se involucró con el grupo de vanguardia nucleado en las revistas Proa y Martín Fierro. En un viaje a España conoció a Ramón Gómez de la Serna, y en 1925 publicó Calcomanías, su segundo poemario.
Firma y rúbrica de Oliverio Girondo, poeta y bibliófilo.
Representando a órganos vanguardistas visitó Chile, Perú, Cuba, México y Estados Unidos. En 1927 recorrió Portugal, Francia, Italia y Egipto. Victoria Ocampo lo invitó a formar parte del consejo de redacción de su revista Sur, pero rechazó la propuesta. En 1932 publicó Espantapájaros. Cinco años después, reflejó su visión sobre la situación política de Europa en sendos artículos aparecidos en el diario La Nación y la editorial Sur publicó Interlunio, única ficción suya en prosa, ilustrada con aguafuertes de Lino Enea Spilimbergo. Recogió diversos artículos propios en el volumen Nuestra actitud ante el desastre, aparecido en 1940, y dos años después, publicó Persuasión de los días. En 1946, concluida la guerra mundial, vio la luz su extenso poema sobre la pampa titulado Campo nuestro [1].
Por esos años continuó viajando con su esposa, la escritora Berta Nora Lange [que firmaba «Norah Lange»], dentro y fuera del país. Atraído por el surrealismo comenzó en 1950 el ejercicio del pincel, si bien nunca llegó a exponer su obra pictórica. La Editorial Losada publicó en 1953 su poemario En la masmédula, ampliado en 1956 y cuya edición definitiva apareció en 1963. Pese a que un accidente vial lo dejó físicamente imposibilitado no cesó en su labor creadora, y de esa época data una grabación en disco que registró su voz: se trata de una antología sonora que fue dirigida por Arturo Cuadrado y Carlos Mazzanti para la cual leyó veintitrés poemas de En la masmédula. En 1965 realizó con su esposa el último viaje a Europa, reencontrándose en Roma con Rafael Alberti y María Teresa León, a quienes conocían de sus años de exilio en Argentina. Girondo falleció en Buenos Aires el 24 de enero de 1967, a los setenta y cinco años. Había conocido a Norah Lange en 1926, con la cual se comprometió en 1934 y recién en el 43 contrajeron matrimonio. No tuvieron hijos. Ella lo sobrevivió cinco años. Ambos descansan en el Cementerio de la Recoleta.
Formación de la biblioteca
En 1933, Girondo se trasladó con su compañera Norah Lange al nuevo domicilio de la calle Suipacha 1444, en el barrio de Retiro. Allí tomó forma definitiva su biblioteca, inicialmente integrada con libros procedentes de la biblioteca paterna, que fue engrosando a través de los años con los que adquirió aquí y especialmente en París, hasta totalizar unos 6.000 volúmenes, comprensivos de diferentes temas.
Pero hay dos grupos de libros que marcan sus preferencias personales, y que lo muestran como un bibliófilo, más allá de su gusto por las ediciones cuidadas.
El primer grupo comprende los volúmenes que adquirió en 1942 durante la venta de la biblioteca de Matías Errázuriz. En esa oportunidad ingresaron a sus estantes la Omnis Opera de Lucio Anneo Séneca [Venecia, Bartholomeo de Zanis de Portesio, 1503]; Los quatro libros del esforzado y muy virtuoso cauallero Amadis de Gaula, sin lugar de impresión que se ha supuesto en Roma [1519]; la segunda parte de las Vite de Plutarco [Venecia, Nicolo de Artistoteli ditto Zoppino, 1525]; los Comentarios del Venerabe Beda [Venecia, 1543]; Philonis ividaei script [Basilea, Episcopi, 1553]; el Decamerone de Bocaccio [Lyon, R Loville, 1555] con ex libris de Leonis S. Olschki, librero de Florencia; el Orlando furioso, de Ariosto [Lyon, Mathias Bonhomme, 1556]; el Poematum de Johannes Stigelii ; las Fables et nouvelles en vers de Jean de Lafontaine [París, 1791-96, 2 vols.]; la Relación del último viaje al Estrecho de Magallanes de la Fragata Nuestra Señora de la Cabeza en los años de 1785 y 1786 [Madrid, Viuda de Ibarra y el apéndice de 1793] que había sido regalo a Errázuriz de Clemente Onelli y señora; los Nouveaux contes a Ninon de Emile Zolá [París, Conquet, 1886, 2 vols,] con ex libris de Oscar Wilde; L´homme et l´artiste de Felicien Rops [París, H. Floury, 1908] cuya encuadernación fue hecha con los guantes de Elisa González Moreno de Casal en piel de Suecia blanca; y el manuscrito de la carta ejecutoria de hidalguía otorgada por orden de Felipe II a favor de Gerónimo Maldonado y Juan Arras de Maldonado, vecinos de Arcos de la Frontera el 23 de octubre de 1592. [2]
Unos años después, en 1946, Girondo adquirió un conjunto de libros de caballerías en una subasta realizada en Londres por Sotheby´s. Fueron ellos, por orden cronológico: Libro agora nuevamente halado del noble y muy esforzado caballero don Florindo por Fernando de Basurto [Zaragoza, Pedro Hardouyn, 1530]; «Los tres libros del muy esforzado cabalero Primaleon et Potendos su hermano hijos del Emperador Palmerín de Oliva» [Venecia, Juan Antonio de Nicolini de Sabio, 1534]; Libro primero del muy noble y esforzado caballero don Philesbian de Candaria [Medina del Campo, Pedro de Castro, 1542]; «Los quatro libros del valeroso caballero don Cirongilio de Tracia» [Sevilla, Jacome Croberger, 1545]; La Quarta [y Quinta] parte de la Crónica del Invencible y Magnánimo Caballero Florambel de Licea [Sevilla, Andrés del Burgo, 1548]; «La tercera parte de la Corónica del muy excelente príncipe don Florisel de Niquea» de Feliciano de Silva [Evora, Herederos de Andrés de Burgos, c. 1550] con «La primera parte de la Quarta» ídem; el Libro segundo del esforzado caballero de la Cruz Lepolemo, Príncipe de Alemaña, de Pedro de Luján [Toledo, Miguel Ferrer, 1563] y el Espejo de príncipes y caualleros, en el qual, en tres libros, se cuentan los inmortales hechos del Cauallero del Febo, y de su hermano Rosicles, por Diego Ortúñez de Calahora [Medina del Campo, Francisco de Canto, 1633, y su segunda parte en edición de 1586]. [3]
¿De dónde provendría el interés de Girondo por los llamados libros de caballerías? [4]. Puede que sea un buen hilo conductor para poder dar respuesta a ese interrogante la circunstancia de que Girondo poseyera varias ediciones del Quijote: la de París-Londres 1814, en 7 vols., conforme a la de la Real Academia Española de 1782; la de Madrid 1797-98 anotada por Juan Antonio Pellicer; la realizada en miniatura en Paris, 1827; y la facsimilar de Barcelona, ejemplar de Eduardo J. Bullrich encuadernado en París por Kieffer. Don Quijote y los libros de caballerías están intrínsecamente ligados. Estos últimos significaron el nacimiento de un nuevo modelo de entender la narración en prosa que llamamos «novela moderna». Su lectura obsesiva llevó a Alonso Quijano a perder el juicio y convertirse en Don Quijote, un caballero andante que intentaba revivir los ideales caballerescos en un mundo que ya no los entendía, parodiando el género mientras criticaba sus excesos y defectos. Buscó Cervantes «poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías» mediante un libro de ese género. No otra cosa es el Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, publicado en Madrid por Juan de la Cuesta en 1605, a costa de Francisco de Robles, continuando la senda abierta por el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, aparecido en 1599, que fue el libro más vendido de todo el Siglo de Oro, uno de cuyos raros ejemplares –recordemos–, había adquirido Girondo en la subasta de Errázuriz en 1942.
Ese género literario de los libros de caballerías, en España se extiende desde finales del siglo XV, con la exitosa reescritura del Amadís hasta años posteriores a 1623, en los que se debió escribir la Quinta parte de Espejo de príncipes y caballeros. Circularon entre sesenta o acaso hasta más de ochenta textos diferentes, decenas de traducciones al francés, italiano y portugués, centenares de ediciones y miles de ejemplares por Europa y América.
La colección de sir Thomas Phillis
Salvo el Amadís que había pertenecido a Errázuriz, los restantes libros de caballerías adquiridos por Girondo provenían de la subasta realizada en 1946 por Sotheby´s de la biblioteca que había pertenecido a sir Thomas Phillips, baronet nacido el 2 de julio de 1792, hijo ilegítimo de un acaudalado fabricante textil, que gastó la fortuna heredada casi en su totalidad en manuscritos en pergamino y, cuando sus fondos se agotaron, no vaciló en endeudarse tomando importantes préstamos para seguir comprando manuscritos, aun a costa de afectar seriamente a su familia. Fue su lectura de diversos relatos sobre la destrucción de valiosos manuscritos el disparador de una alocada y frenética actividad que le llevó a adquirir unos 40.000 libros impresos y 60.000 manuscritos, posiblemente –se ha dicho– la mayor colección creada por un solo individuo de su tiempo [5]. Fue, por cierto, el prototipo por excelencia del bibliómano. Ya a los 16 años, en 1808, poseía un centenar de libros, en su mayoría góticos, pero su desmesurada aspiración era poseer un ejemplar de cada libro impreso en el mundo. Compró libros durante su estancia el University College de Oxford, donde se graduó en 1815, y en 1820, fue elegido miembro de la Royal Society .
En 1822 fundó la Middle Hill Press [Typis Medio-Montanis] para registrar sus fondos y publicar sus hallazgos en topografía y genealogía inglesas. Visitaba las librerías y sin pestañear compraba inventarios completos, estaba atento a la aparición de catálogos y disponía de agentes que compraban para él lotes enteros de libros en subasta, superando siempre la oferta de su sempiterno rival: el Museo Británico. En Francia, la dispersión de las bibliotecas monásticas tras la Revolución le permitió sus mejores adquisiciones, y gracias a su relativo bajo precio accedió a una gran cantidad de material en pergamino, en particular documentos ingleses. En 1850, sir Thomas contrató a su pariente lejana Amelia Elizabeth Guppy, para fotografiar parte de su colección incluyendo artefactos procedentes de Babilonia y de Utrech.
Libros y manuscritos ocupaban dieciséis de las veinte habitaciones de su casa de campo en Middle Hill, cerca de Broadway, Worcestershire. No sin asombro, y casi con espanto, sir Frederick Madden, conservador de manuscritos del Museo Británico, consignó en su diario la impresión que le causó una visita que realizara a sir Thomas en 1854: «La casa se ve más miserable y ruinosa cada vez que la visito, y ahora no hay una sola habitación que no esté abarrotada de grandes cajas llenas de manuscritos. El estado de las cosas es realmente inconcebible. Lady P[hillips] está ausente, y si yo estuviera en su lugar, jamás regresaría a una morada tan miserable... Cada habitación está llena de montones de papeles, manuscritos, libros, cartas, paquetes y otras cosas, amontonadas bajo tus pies, apiladas sobre mesas, camas, sillas, escaleras, etc., y en cada habitación, pilas de enormes cajas, hasta el techo, ¡conteniendo los volúmenes más valiosos! Es repugnante... Las ventanas de la casa nunca se abren, y el aire cerrado y el olor a papeles y manuscritos son casi insoportables» [6].
Pero fue en 1863 cuando habiendo adquirido Thirlestaine House, en Cheltenham, cuyo propietario anterior, John Rushout, segundo baronet Northwick, había poseído una importante colección de arte vendida en 1859 tras morir intestado, sir Thomas se propuso trasladar allí su colección, lo que demandó ocho meses y el uso de por lo menos 105 carretas, cada una de ellas tirada por una yunta de caballos y acompañadas por uno o dos hombres. Middle Hill, por su parte, cayó en ruinas.
Sir Thomas falleció el 6 de febrero 1872, la valuación testamentaria de sus manuscritos, realizada por Edward Bond , experto del Museo Británico, fue de 74.779 libras esterlinas y 17 chelines.
Durante su vida, Phillips había intentado ceder su colección al Reino Unido, pero su correspondencia con el Ministro de Hacienda, Disraeli, para que el Museo Británico la adquiriera, revela que su oferta no tuvo resultado y la dispersión de la colección demandó más de un siglo.
Phillips dispuso en su testamento que sus libros debían permanecer en Thirlestaine House, que ningún librero o extraño podía reorganizarlos y que ningún católico romano, especialmente su yerno James Halliwell, podía verlos [7].
Tras una decisión judicial de 1885, Thomas Fitz Roy Fenwick, nieto de Phillips, supervisó durante los siguientes cincuenta años la venta de la colección. Una parte importante del material europeo se vendió y pasó a engrosar las colecciones nacionales de la Biblioteca Real de Berlín, la Biblioteca Real de Bélgica y los Archivos Provinciales [Gemeentearchief ] de Utrecht, y ejemplares excepcionales fueron adquiridos por los millonarios coleccionistas norteamericanos J. Pierpont Morgan y Henry E. Huntington. Para 1946, el residuo restante se vendió a los libreros londinenses Phillip y Lionel Robinson en la nada despreciable suma de 100.000 libras esterlinas, si bien esta parte de la colección no estaba catalogada ni examinada, los Robinson vendieron estos libros a través de sus propios catálogos y de varias subastas, una de la cuales, realizada en Sotheby´s atrajo la atención de Oliverio Girondo [8]. Hasta donde sé, la última parte de la colección Phillips fue vendida por Christie's el 7 de junio de 2006 [9].
Destino de la colección
Fallecido Girondo, su viuda Norah Lange se mudó de la casa de la calle Suipacha 1444 a Talcahuano al 700, para estar cerca de sus hermanas, llevando consigo la biblioteca, salvo una donación de libros que realizó al lindero Museo Fernández Blanco [10]. Finalmente, poco antes de morir donó la propiedad de la calle Suipacha al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Actualmente funciona como anexo del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, con entrada por Suipacha 1422 y se encuentra en proceso de refacción.
Norah Lange falleció el 5 de agosto de 1972. Sus hermanas dispusieron entonces la venta de la biblioteca, con los materiales más valiosos, a cuyo efecto contactaron a la casa Bullrich, que confeccionó el catálogo respectivo. En el interín, una sobrina de Girondo, Susana Lange, pidió permiso a sus tías para obtener para sí algo de esa biblioteca. Ellas le dieron apenas una hora para llevarse lo que quisiera del departamento de Norah, por lo que cargó todo lo que pudo en su Fiat 600, estacionado frente al Teatro Colón, entró y salió del ascensor innumerables veces y seleccionó a las apuradas algunos libros, logrando obtener lo que calculó como el 25% de la biblioteca [11].
La biblioteca fue subastada por la casa Bullrich el 11 y 12 de julio de 1973. Allí se dispersaron los ejemplares adquiridos a Errázuriz y los libros de caballerías provenientes de la colección Phillips. No conozco el nombre de los compradores, aspecto que dejo abierto a quienes deseen continuar estas atrapantes investigaciones [12].
Para determinar el destino de los libros, Patricia Artundo realizó un «Intento de reconstrucción: breve catálogo de los libros que pertenecieron a Oliverio Girondo». Noticias periodísticas de 2023 han dado cuenta que la ya octogenaria Susana Lange junto con un millar de libros, comprendidos la colección de libros de arte y ejemplares de las primeras ediciones de títulos del escritor y de su esposa que conservaba en su casa de Martínez, despacharía en barco todo ese material, cuidadosamente embalado, cuyo destino final sería una casa en el barrio mexicano de Tizapán, al suroeste de Ciudad de México, donde la nombrada fijó su residencia.
Daniel Eisenberg en busca del ejemplar inhallable
No termina aquí la historia que de alguna manera une circunstancialmente a Girondo con sir Thomas Phillips. Entre los libros de caballerías del nombrado adquiridos por Girondo destaca el Philesbian de Candaria. La única noticia que los hispanistas conocían de este libro de caballerías, cuyo título se cita en el Quijote de Avellaneda, se hallaba en el «Catálogo razonado de libros de caballerías» que Pascual de Gayangos antepuso al primer tomo de su proyectada serie de libros de caballerías en la Biblioteca de Autores Españoles. En dicho catálogo Gayangos señalaba que un ejemplar del libro se hallaba en la biblioteca de Sir Thomas Phillips, bibliófilo inglés, pero que estaba falto de varias hojas y del colofón, por lo cual se ignoraba el lugar de impresión: «El único ejemplar que se conoce de este libro es el que posee en Inglaterra el baronete sir Thomas Phillips; pero, como le falta el colofón, no se puede saber dónde se imprimió» [13]. Probablemente no le pareció Philesbián lo suficientemente interesante para detenerse en su lectura, y no aportó otros datos. Bartolomé Gallardo escribió en 1863: «El único ejemplar conocido de este precioso se conserva en la biblioteca de Sir Thomas Phillips en Middle-Hel, condado de Essex, Inglaterra. Faltándole el colofón, y por consiguiente el pie de imprenta y nombre de impresor, no puede determinarse donde se imprimió, pero por la clase de letra parece edición sevillana. Tampoco puedo decir, por no haberle visto ni leído, si don Philesbian era descendiente de don Florisando de Candaria, pues a serlo es una rama más de los Amadises» [14]. Esas noticias son repetidas por Brunet en 1880 [15].
En 1968 el conocido hispanista norteamericano Daniel Eisenberg [1946 - ] comenzó a seguir la pista de este ejemplar. Ni Sotheby's ni A. N. L. Munby, el que más ha estudiado la colección Phillips, pudieron facilitar el nombre del comprador de Philesbian en la subasta de 1946. Pero fue hallado en un registro de ventas de libros valiosos, el Book Auction Records, en que algunas veces, cuando el comprador no se oponía, se apuntaba el apellido. Decía: Girondo, y en una ocasión, por errata, Gironde: «Este señor compró la mayoría de los libros de caballerías de Phillipps, y pagó por Philesbián el precio de 250 libras», entonces una cantidad considerable [16]. Pero Eisenberg no encontró noticia alguna sobre Girondo en ningún registro de bibliófilos o de libreros, pues no le conocían ni Clara Penney, ni F. J. Norton, ni Munby. Desesperado, puso lo que había averiguado en una nota a un trabajo sobre libros de caballerías, pidiendo ayuda de quien lo leyese. Cuando obsequió una copia de este trabajo al colega de su misma universidad, el filólogo, crítico literario y cervantista argentino Juan Bautista Avalle-Arce [1927-2000], este le avisó que se trataba de un argentino. Con tal indicio pudo comprobar que se trataba del bibliófilo Oliverio Girondo, fallecido, cuya biblioteca se mantenía íntegra en manos de su viuda, Norah Lange, a quien escribió sin recibir contestación. Entonces, por consejo de Avalle-Arce, escribió a Gerardo Fernández Zanotti, propietario de la librería Fernández Blanco de Buenos Aires, quien se ofreció a actuar como intermediario, y encontró un fotógrafo amigo de la familia dispuesto a llevar su equipo a la casa de Norah y hacer la reproducción del Philesbian.
Pasados varios meses sin que le llegara el microfilme solicitado, Eisenberg escribió a Ana María Barrenechea, quien encontró otro intermediario en Beatriz Nóbile, autora de una tesis doctoral sobre Girondo en la Universidad de La Plata. Pero, aunque Norah Lange, de bastante edad y de no muy buena salud, no tenía inconveniente en que se obtuviera el microfilme, tampoco se entusiasmó por el proyecto, y se resistió a precisar la fecha para que el fotógrafo visitase su casa.. Cuando ya parecía imposible la consulta del libro, Avalle-Arce y Fernández Zanotti le avisaron a Eisenberg que había aparecido un segundo ejemplar del Philesbian en un catálogo del librero neoyorquino H. P. Kraus, procedente de una biblioteca alemana y que anteriormente había pertenecido a la casa bancaria Fúcar. Este ejemplar, que estaba en perfectas condiciones, se ofrecía a la venta al precio de 4.500 dólares, suma que para Eisenberg era imposible reunir. Y aunque tampoco era posible hacer una copia de este ejemplar, el librero Kraus amablemente puso el libro a su disposición en sus galerías de Nueva York [17]. Posteriormente apareció otro ejemplar, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid [18]. De ese modo quedó cerrado el círculo. Pero hay una pregunta que ha quedado sin respuesta: ¿en poder de quién está en la actualidad el Philesbian de Girondo vendido por Bullrich en 1973?
Notas:
1] La Sociedad de Bibliófilos Argentinos reeditó Campo Nuestro en 1987, con 4 aguafuertes de Gabriela Aberastury. La edición, de 55 pág. fue realizada en papel Dauphin de France de 140 grs., tipografía Erasmus, cuerpo 20.
2] Catálogo de la Biblioteca de Matías Errázuriz prologado, anotado y ordenado por Eduardo J. Bullrich para la venta a realizarse los días 10 y 11 de septiembre, Buenos Aires, Talleres Gráficos de Guillermo Kraft, 1942. En 1998 di a conocer la lista mecanografiada confeccionada por Bullrich, hasta entonces inédita, de los compradores en la subasta Errázuriz, con indicación de cada lote adquirido. Véase: Guillermo Palombo, «La biblioteca de Matías Errázuriz», en Boletín del Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades, núm. 19, Buenos Aires, 1998, p. 31-40. Este artículo, y por ende la lista, no fue conocido ni mencionado por la Dra. Patricia Artundo en su importante trabajo La biblioteca de Oliverio Girondo, que contó con la colaboración de Sofía Frigerio y Susana Lange, publicado en 2008 por la Fundación Pan Klub y el Museo Xul Solar. En fecha reciente he vuelto sobre el tema en mi artículo «La biblioteca de Matías Errázuriz», en Hilario. Arte, Letras, Oficios, núm. 52, septiembre 2025.
3] Bibliotheca Phillipica. Catalogue of a further portion of the printed books from the renowned library formed by the late Sir Thomas Phillips, bart., F.R.S., etc., Maddle Hill, Worcester and Thirlestaine House Cheltelham. Which will be sold by auction…on Monday, the 25 th of November, and following day, London, Sotheby & Co., 1946. 56 p. + 16 láms. a toda página.
4] El único término usado por Cervantes y todos los demás escritores del Siglo de Oro, sin excepción alguna, fue «libro de caballerías», pues el término en singular alude a la «caballería» como formación militar, y no a las gestas heroicas de individuos. No se trata de historias de un caballero, ni de la caballería, que es una agrupación militar, sino de los hechos famosos de los caballeros del libro, que se presentan ficcionalmente como traducidos de originales escritos en griego, alemán, inglés, toscano, árabe u otras lenguas, o como «manuscritos encontrados» casualmente después de largo tiempo ocultos o enterrados.
5] Sobre la formación de la colección de manuscritos y los viajes de Phillips por Europa para adquirirlos remito a la prolija relación de Seymour De Ricci en el capítulo «Sir Thomas Phillips» [cap. X], de su libro English collectors of books & manuscripts [1530-1830] and their marks of ownership, Bloomington, Indiana University Press, [1960], p. [119]-130; que es reimpresión de la obra con igual título, pero que tenía el subtítulo agregado Sandars Lectures 1929-1930, editado por Macmillan Company y Cambridge University Press (UK) en 1930. Pero, en honor a la verdad, quien mejor ha estudiado la colección Phillips fue el profesor Alan Noel Latimer Munby [1913-1974], erudito y bibliófilo británico, bibliotecario, historiador y coleccionista de libros, miembro [Fellow] de King's College, Cambridge, universidad en la cual se especializó en historia y literatura gran parte de su vida, dedicándose a la biblioteca y a la investigación. Su pasión por los libros raros y la historia de la impresión lo convirtió en una figura importante, y su colección de libros antiguos y su trabajo sobre la historia de la tipografía y la encuadernación es un tesoro que se integró en la biblioteca del King's College, enriqueciéndola. Dicho autor dedicó los 5 volúmenes de sus Phillips Studies [Cambridge, University Press, 1951-1960] a estudiar los siguientes aspectos de la colección de sir Thomas: núm. 1 Catalogues of manuscripts & printed books of Sir Thomas Phillips: their composition and distribution [1951]; núm. 2 Family affairs of Sir Thomas Phillips [1952]; núm. 3 Formation of the Phillips library up to the year 1840 [1954]; núm. 4 Formation of the Phillips library from 1841 to 1872 [1956], y núm. 5 Dispersal of the Phillips library [1960]. Por su parte, como dato de interés, destaco que los Phillips-Munby Papers se conservan en la Bodleian Library de la Universidad de Oxford [GB 161 Mss. Phillips-Munby b. 1-5, c. 1-34, d. 1-25, d. 29-38, d. 41-9, e. 1-10, f. 13] que contienen la correspondencia y notas de Munby entre 1945-1974; fotografías de sir Thomas , sus contemporáneos y sus propiedades en los siglos XIX y XX; publicaciones de Middle Hill Press con otros trabajos impresos por Phillips entre 1818 y 1865; Misceláneas impresas entre 1823-1860; y listas y catálogos de ventas de los mss. Phillips, entre 1886 y 1975.
6] El muy extenso Journal manuscrito e inédito de sir Frederick Madden, se encuentra distribuido en 47 cajas, que ocupan 4, 99 metros lineales del Bodleian Archives & Manuscripts, en la Bodleian Library, Oxford. Sin llegar a lo descripto por sir Frederick, y salvando la distancia, algo de esa rareza era dable percibir en la casa de Oliverio, que el poeta Enrique Molina describe de esta forma: «¿Qué había en la casa? Muebles de la colonia, nubes, zonas fluviales, desvanes con astrolabios y pipas de opio, cajas de compases, alfombras persas y folletines de otro siglo. Faroles de barco, vías férreas que cruzaban la sala, piedras totémicas, inmensos roperos de caoba, arañas de Murano, piezas diaguitas, un ombú en uno de los ángulos del comedor, y el ídolo polinésico, de madera negra como la puerta, presidiendo todo desde lo alto, sentado en cuclillas […]». Cita de Artundo, op. cit., nota 4 de p. 5. Pero de los libros ¡ni una palabra!
7] Phillips abrigaba el fundado temor de que su yerno, James Orchard Halliwell, se hiciera cargo de la colección cuando su hija heredara Middle Hill. Sir Thomas lo acusó de robar su copia de Hamlet de 1603 y venderla al Museo Británico, menos la página del título que contenía el sello de Phillips. Halliwell era también un destructor de libros antiguos valiosos, de los que recortaba páginas para pegarlas en su álbum de recortes.
8] Bibliotheca Phillipica. Catalogue of a further portion of the printed books from the renowned library formed by the late Sir Thomas Phillips, [bart., F.R.S., etc., Maddle Hill, Worcester and Thirlestaine House Cheltelham. Which will be sold by auction…on Monday, the 25 th of November, and following day, London, Sotheby & Co., 1946, cit.
9] Christie's, venta 7233, Valuable Manuscripts and Printed Books , Londres, King Street, 7 de junio de 2006, lotes 18-38.
10] «Libros donados a la Biblioteca del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco por la señora Norah Lange de Girondo» [circa 1970], en Artundo, op. cit., p. 119-152.
11] Cfr.: Laura Ventura, «Susana Lange: La pareja de Oliverio Girondo y Norah era muy adelantada para la época», en La Nación, Buenos Aires, 3 de junio de 2017 y Daniel Gigena, «El legado de Oliverio Girondo y Norah Lange se va del país rumbo a México», en el mismo diario, pero del 8 de agosto de 2023.
12] Bullrich. Casa de Remates fundada en 1868, Arte y Antigüedades. Los días 11 y 12 de julio de 1973. Avenida del Libertador 750. Buenos Aires, Argentina. 600 lotes [libros, folletos, manuscritos]. Lo reproduce Artundo, op. cit., p. [11]- [117].
13] Pascual de Gayangos, Catálogo razonado de los libros de caballerías que hay en lengua castellana o portuguesa, hasta el año de 1800, p. LXXVI, en Libros de caballerías con un Discurso preliminar y catálogo razonado por Don […], individuo de la Real Academia de la Historia, Madrid, M. Rivadeneira Impresor-editor, 1857 [Biblioteca de Autores Españoles, desde la formación del lenguaje hasta nuestros días, tomo 40].
14] Bartolomé José Gallardo, Ensayo de una Biblioteca Española de libros raros y curiosos. Formada con los apuntamientos de Don […], coordinados y aumentados por D. M. A. Zarco del Valle y D. J. Sancho Rayón. Obra premiada por la Biblioteca Nacional, en la junta pública del 5 de enero de 1862 e impresa a expensas del Gobierno, t. I, Madrid, Imprenta y Estereotipía de M. Rivadeneyra, 1863, p. 1000, núm. 1048.
15] «J. Ch. Brunet, Manuel du Libraire et de l´amateur de livres. Supplément contenant 1° un complément du Dictionnaire bibliographique de M. […] 2° La table raisonnée des articles au nombre d´environ 10.000, décrite au présent supplément par MM. P. Deschamps et G. Brunet, t. II [N-Z]», París, Librairie de Fermin-Didot et Cie., 1880, p. 228. También en Francisco Escudero y Perosso, Tipografía hispalense. Anales bibliográficos de la ciudad de Sevilla desde el establecimiento de la imprenta hasta fines del siglo XVIII, Madrid, Establecimiento Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra, 1894, p. 202-203, núm. 427.
16] El Book Auction Records [Registro de subastas de libros] fue una publicación británica anual fundada en 1902 por Frank Karslake [1851-1920] con precios y anotaciones de subastas de libros en Londres y otras ciudades, y en los Estados Unidos de Norteamérica. Su primer volumen apareció en 1903 y el núm. 95 y último en 1997.
17] Daniel Eisenberg, «Búsqueda y hallazgo de Philesbian de Candaria», en Miscellanea Barcinonensia. Revista de Investigaciones y alta cultura, año XI, núm. xxxiiii, Ayuntamiento de Barcelona, Delegación de servicios de cultura, 1973, p. 147-157
18] Biblioteca Nacional de España [Madrid] signatura es R.34801. Ejemplar adquirido en 1975 al librero Luis Bardón Meza, por entonces a cargo de la librería para Bibliófilos Luis Bardón situada en la madrileña plaza de San Martín, próxima al monasterio de las Descalzas Reales – fundada por su padre Luis Bardón López, el 4 de enero de 1947–, actualmente a cargo, desde hace un cuarto de siglo, de sus hijas Alicia y Belén Bardón Iglesias.
* Especial para Hilario. Artes Letras Oficios



