Desde la humilde y soleada tierra de la Provincia del Elqui [«Erke» en lengua Diaguita – el kakán-] que vio desde sus cerros tutelares el nacimiento de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, Gabriela Mistral en las letras. Hoy es ella quien ocupa un lugar central en el patrimonio cultural y literario de Chile y de América Latina, no solo por la calidad estética de su obra, sino también por la profunda dimensión ética que la atraviesa. Su escritura constituye un legado patrimonial en tanto articula identidad, memoria y valores, proyectando una visión humanista que trasciende su tiempo y se inscribe como herencia colectiva.
Desde el punto de vista literario, Mistral construyó una obra marcada por la sobriedad expresiva y la intensidad emotiva. Su poesía, lejos de los artificios retóricos excesivos, se nutre de imágenes sencillas vinculadas a la naturaleza, la maternidad, el dolor y la espiritualidad. Esta elección estética no es casual: responde a una voluntad de comunicación profunda con el lector, especialmente con los sectores históricamente marginados. En este sentido, su literatura adquiere un carácter patrimonial al representar una voz americana, mestiza y femenina que amplía el canon y lo democratiza. Defensora incansable de sus orígenes, como ella misma se denominada «hija de la campesinería» y defensora patrimonial de los pueblos originarios al que ella misma pertenecía orgullosamente, haciendo referencia de ello al describir en sus versos y textos ensayísticos esta veta de cultura profunda y ancestral, así también al hecho de ser mujer y sus implicancias a principios del siglo XX, incentivando la instrucción de la mujer por ejemplo en textos como «lecturas para mujeres» y «menos cóndor y más huemul». Estas ideas ampliamente difundidas en extensas mateadas con colegas de letras entre ellas Alfonsina Storni, su «hermana literaria» allende la cordillera, su amiga y mecenas Victoria Ocampo, y tantas otras destacadas figuras.
El patrimonialismo mistraliano también se manifiesta en su relación con la lengua. Gabriela Mistral dignifica el español de América, incorporando giros rurales, cadencias bíblicas y resonancias indígenas, lo que contribuye a la preservación simbólica de un patrimonio lingüístico diverso. Su obra no sólo conserva estas expresiones, sino que las eleva a un plano de universalidad, reafirmando el valor cultural de lo local frente a modelos hegemónicos europeos.
Desde una mirada ética, Mistral desarrolló una concepción profundamente comprometida con la dignidad humana. Su pensamiento, expresado tanto en su poesía como en sus ensayos y textos pedagógicos, defiende la justicia social, la educación como derecho fundamental y la protección de la infancia. Esta dimensión ética convierte su obra en un referente moral que forma parte del patrimonio intangible de la nación, ya que propone valores orientadores para la vida colectiva.
Es así que Gabriela Mistral puede entenderse como una figura patrimonial integral: su legado no se limita a la conservación de textos, sino que vive en la transmisión de principios éticos, culturales y educativos. Su obra invita a una lectura constante y renovada, reafirmando que el patrimonio literario no es un vestigio del pasado, sino una fuerza activa que dialoga con el presente y proyecta sentido hacia el futuro. Sólo así el verso no habrá cantado en vano.
Enero de 2026. La Serena, IV región de Coquimbo, Chile.
* Especial para Hilario. Artes Letras Oficios.

